Bienvenidos a De Gusanos y Lombrices. La Familia es lo primero...

lunes, 14 de abril de 2014

Canciones de TV. Peaky Blinders (2013, BBC Two). Gangsters de Birmingham.

No se pierdan esta serie de televisión: Peaky Blinders.

No se pierdan la canción que abre cada uno de sus 6 sobresalientes Capítulos. 

Es ésta:

 

viernes, 11 de abril de 2014

El increíble caso de "Concrete and Clay". El camino que va del amor al liguero.

Concrete and Clay es una sensacional canción que llevó a los semidesconocidos (para mí) Unit 4+2 al número 1 de las listas UK en 1965.

Pese a ser una canción básicamente britpopera, posee un atractivo ritmo de bossa nova y unos arreglos de guitarra española que le dan, en mi opinión, un encanto especial.

La letra nos habla del amor indestructible de una parejita de británicos (supongo) y dice cosas tan bonitas como:

"Eres para mí tan dulce como las rosas en la mañana y tan suave como la lluvia de verano al amanecer...", o "Todo lo que veo a mi alrededor son los morados reflejos del atardecer sobre el suelo y, otra vez, estás tiernamente en mis brazos..." o "antes se derrumbarán las montañas a que nos digamos adios", etc, etc.

Me encanta esta canción. Vamos a escucharla. Fijaos muy bien en el pelo y en la ropa del cantante porque así es como le gustaría a mi madre que yo me peinara y vistiera.


La popularidad de esta canción ha hecho que haya sido versionada en numerosas ocasiones.

En 1986 el grupo alemán Hong Kong Syndikat (?) realizó un cover que alcanzó una notable repercusión. Estos chavales decidieron, a la hora de realizar su videoclip, alejarse de la formalidad y austeridad de los primeros 60 y se dejaron arrastrar a tope por el horripilante look ochentero que tanto detestamos. El videoclip es un despropósito delirante y la versión bastante moñas. Pero lo que no comprendo es qué pintan en la historia dos monjas enseñando sus medias y ligueros.

Vamos a ver este engendro.


Madre mía, qué pena. 

Pero todo es empeorable.

En 1999, a las puertas del siglo XXI, Kevin Rowland, ex-líder y cantante de los Dexys Midnight Runners, pensó que lo de que las monjas enseñaran los ligueros era poca cosa y, ni corto ni perezoso, decidió enseñar sus propias medias y su tanga. Su versión no está mal y hay que reconocer que conserva bastante bien la voz que nos gustaba tanto cuando, vestido con peto vaquero, le cantaba en 1982 cosas bonitas con aire celta a una tal Eileen, pariendo, de paso, un himno musical.

Lo de este video que viene a continuación es solamente apto para estómagos preparados. A lo peor es que no he traducido bien la letra y la cosa va de fetichismo barato.


¿Qué opinais chavales?. ¿Con qué versión nos quedamos?. Supongo que en el próximo cover de este tema ya podremos ver algo de bondage y hardcore.

Voy a llamar a Marily Manson para ver si le viene bien revisitarlo.

martes, 8 de abril de 2014

Minutos musicales.., digooooooo.., Mis Terrores Infantiles: La música de "La Clave".

Si no se nos hubiera muerto en 2002 (D.E.P.), este próximo verano cumpliría 85 años el compositor vasco Carmelo Bernaola, mi personal Dr. Jekyll y Mr. Hyde musical televisivo, compositor de música clásica y de unas cuantas bandas sonoras para el Cine (Premio Goya por Pasodoble, de José Luis García Sánchez). 

Y no solamente eso,  porque Bernaola es el autor de la canción El cocherito leré y del himno del Athletic de Bilbao.

Un figura.

El caso es que cuando se levantaba de Dr. Jekyll, el señor Bernaola podía componer melodías tan pegadizas y frescas (aunque con una introducción algo espeluznante que siempre me ha gustado mucho) como Verano azul (1981-1982), la maravillosa serie de TV que nos alegró a muchos la infancia y cuyos 19 episodios ocupan hoy día un merecidísimo lugar de honor en mi videoteca.

Recordémosla en todo su esplendor.


Qué bonito, madre mía.

Pero antes de alegrarnos la vida con esta simpática melodía, el Mr. Hyde que llevaba dentro Carmelo Bernaola compuso para su amigo José Luis Balbín la sintonía de otro programa mítico de nuestra televisión: La Clave (1976-1985).

La Clave  marcó para siempre a muchos de nosotros. Fue uno de los programas televisivos que más afición cinéfila y tertuliana han despertado en los abuelos que ya somos todos los de mi generación.

Todo era muy bonito entonces...

Todo menos la sintonía de Bernaola que hoy se me antoja como una interesantísima pieza musical, pero que hace 30 años daba un miedo tremendo. No pueden ustedesimaginarse el terror que pasé aquella noche que el programa debatía el tema de la brujería y que ilustraron cinematográficamente con Dies Irae (1943 ) de Dreyer.

Nostalgia a tope y música de TV: vamos a escuchar la sintonía de La Clave del maestro vasco Carmelo Bernaola.

 

viernes, 4 de abril de 2014

Clásicos Imprescindibles. El Octeto de Mendelssohn.

Un 70% de los 14 millones de judíos que pueblan nuestro planeta (cuánto cunden, ¿verdad?) viven tan ricamente integrados en la sociedad actual, mientras que el resto siguen con sus rollos ortodoxos en su antiguo mundo de Antiguo Testamento.

Esto de la integración en la sociedad que parece ahora tan normal, no lo era, como bien sabemos todos, en el caso de las comunidades judías que, durante muchos siglos, vivieron dentro de sus propios guetos en casi todas las ciudades europeas.

El escritor y filósofo juedoalemán Moses Mendelssohn fue el principal artífice de la Haskalá, movimiento intelectual del siglo XVIII que promovía la integración de las comunidades judías y la salida del gueto físico y mental en el que parecían estar destinados a vivir los judíos casi a perpetuidad para llegar convivir así con nosotros, los gentiles, que también tenemos nuestras cosas buenas.

Es decir, una vida más judeosecular, juedolaica y judeomundana, siguiendo el modelo de la Ilustración del s. XVIII que había quitado ya de la cabeza de muchos europeos la caspa de la religión inmovilista y carca.

Es por ello que Moses Mendelssohn nos cae muy bien. Todos los que han ayudado a que la Humanidad se haya ido despojando de los lastres de las religiones y supercherías en favor de la razón y la luz son bien recibidos en el Universo Gusano.



Pero aún le estamos más agradecidos por ser el abuelo de uno de los más grandes músicos alemanes de todos los tiempos: Felix Mendelssohn.


Lo de "octeto" del título de esta entrada  no es ningún insulto. Estamos hablando del octeto de cuerdas = 4 violines, 2 violas y 2 violonchelos que el nieto de Moses, el genial Jakob Ludwig Felix Mendelssohn Bartholdy compuso para mayor gloria del romanticismo europeo de comienzos del XIX a la edad de ¡¡¡16 años!!!.

Mendelssohn fue niño prodigio, excelente intérprete de violín, virtuoso pianista, famoso director de orquesta y, aunque no lo hubiera sido, merecería un lugar de honor en la historia de la Música solamente por haber resucitado en 1829 la figura de Bach que llevaba olvidada casi un siglo.

Lo de Bartholdy viene de un tío suyo que convenció a su padre de que era mejor para la familia el parecer menos judíos para intentar sufrir un poco menos el tradicional antisemitismo que en aquel entonces era más que habitual en las sociedades europeas (las altas y las bajas). Así que lo bautizaron protestante y el propio Félix Mendelssohn llegaría a llamar a su Sinfonía n.5 de "La Reforma" en homenaje a la revolución del fraile Lutero de 300 años atrás.

Seguiremos hablando en este blog sobre este gran compositor que murió prematuramente a la edad de 38 años para desgracia de toda la Humanidad.

Lo que vamos a escuchar ahora (al menos mi mujer y yo), es el 3er. movimiento, Scherzo, de su Octeto de cuerdas op. 20 de 1825.

Es un prodigio de lirismo y una de las primeras obras que yo recuerdo que me cautivaron en mi infancia, una época en la que yo no sabía qué era un "octeto" y en la que no me podía imaginar que semejante cantidad de colores musicales podían emanar de una orquesta compuesta por solamente 8 instrumentos.

Espectacular.

 

martes, 1 de abril de 2014

Grandes Series de TV: Broadchurch (2013, ITV). Gestionando el Dolor y el Lado Oscuro.

“Más podemos conocer de una persona por lo que ella dice de los demás que por lo que los demás comentan de ella”. Ralph Waldo Emerson.

Broadchurch, enésima revisión de uno de los eternos mantras del thriller detectivesco: Pero… ¿quién mato a…?.

En este caso, la víctima es un niño de 11 años. Su cadáver aparece en una playa de un pueblecito de la costa inglesa. Aparentemente ha caído desde lo alto de un acantilado pero, como ya se pueden ustedes imaginar, nada es lo que parece. Los guionistas de Broadchurch echan mano de otro recurso clásico, ése que inventó Cervantes hace 400 años: colegas a la fuerza, subcategoría detective forastero (escocés) versus detective local conocedora de los usos y costumbres de los vecinos. O eso cree…


Cuando comienza la investigación, la pequeña y aparentemente idílica comunidad reaccionará como reaccionan nuestros lagrimales cuando el polvo decide tocarnos los… ojos. 
Los urbanitas convencidos sabemos de las bondades del anonimato de la gran ciudad: es el mejor cajón en el que esconder o disimular nuestro inconfeso lado oscuro. Una ventaja con la que no cuentan los aldeanos.

Broadchurch ofrece, además, un aliciente extra. El guión detalla la imposible gestión del dolor por parte de una familia que ha perdido a uno de sus seres queridos. La bienintencionada comunidad pretende un luto comunal pero ¿es eso lo realmente que necesitan o quieren?. 

Para darle un empujoncito a todo esto, los guionistas articulan otra pareja de colegas a la fuerza complementaria, de la misma estructura pero diferente gremio que la anterior: una periodista forastera, ávida de amarillismo y un joven y virginal periodista local, ávido de notoriedad.

Se suma a toda esta combinación unas gotas de Cluedo, una estupenda ambientación y fotografía y unos actores entregados a la causa y se obtiene uno de los grandes éxitos de la TV británica de 2013. Ya saben, éxitos de los buenos, de los decríticaypúblico.


Siempre agradezco a los británicos que, pese a su eterno buen rollito político-cultural con los yanquis, continúen manteniendo una distancia artística prudencial con el excesivo realismo romántico de la mayoría de las producciones audiovisuales made in USA. Y, en lo que a series de TV se refiere, su gusto por las mini series coincide con el mío.

Broachurch, 8 estupendos y entretenidos capítulos que hoy les recomendamos.

martes, 25 de marzo de 2014

El Mar al Alba (TV - 2011, Volker Schlöndorff). El Adiós a la Vida de Guy Môquet. "Por cierto, hubiera querido vivir".

Guy Môquet 

versus Ernst Jünger

Poeta gabacho versus poeta boche.

Ambos sufrieron en sus carnes los desastres de la Segunda Guerra Mundial. La diferencia es que al primero lo fusilaron con 17 años y el segundo acabó siendo un célebre escritor (ya lo era desde la WWI) que murió centenario con el reconocimiento del mundo intelectual y político (incluso Felipe González no paró hasta conseguir conocerle en persona). Y es que a Jünger, como no lo fusilaron a los 17 años, le dio tiempo de mutar de

aventurero-elitista-militarista-prusiano-adicto a la guerra-reaccionario-belicista

a

alucino-drogo-experimentador-antimilitarista-católicoconversoensulechodemuerte.

Léanse su biografía, que no tiene desperdicio. 

Mucha gente admira a Jünger pero yo, como ya saben los que leen este blog, también condeno al infierno a aquellos alemanes a los que les parecía muy bien invadir Polonia, Bélgica, Francia o bombardear Londres aunque les pareciera muy mal exterminar judíos, comunistas, gitanos y homosexuales. Así que espero que Jünger se esté pudriendo en el infierno aunque sea en un círculo menos dantesco que el de los genocidas.


El 20 de octubre de 1941, tres comunistas asesinaron a Karl Hotz, el comandante de las tropas germano-nazis en Nantes. Hitler exigió al general Otto von Stülpnagel, comandante en jefe de las fuerzas de ocupación en Francia y gobernador militar en París, la ejecución, como represalia, de 150 prisioneros franceses. Otto von Stülpnagel, lo mismo que su ayudante Ernst Jünger, no simpatizaba con los nazis y, horrorizado ante la cifra exigida por el Führer o, más bien, preocupado por las consecuencias que puedieran tener las ejecuciones en la moral de la colaboracionista población civil francesa, consiguió reducir el número de víctimas a 100 tras delicadas negociaciones con el Reich. Von Stülpnagel encargó a Jünger la labor de describir literariamente estos fusilamientos. Jünger cumplió su parte pero más tarde destruyó tan valioso documento.

El 22 de octubre de 1941, cuarenta y ocho prisioneros internados en el campo de Drancy fueron fusilados. Entre ellos el joven Guy Môquet que, desde entonces y hasta nuestros días, se convirtió en un símbolo de la patria gabacha. De lo poco que tienen los franceses para enorgullecerse durante su colaboracionista Segunda Guerra Mundial.

Un escritor más, un Nóbel de Literatura, forma parte del reparto de esta historia. Heinrich Böll fue soldado raso durante la WWII. Su opinión sobre la guerra difería de la de Jünger: “La guerra es espantosa, cruel y bestial, no puedo describírtela” (a su esposa). Su figura inspira un personaje de la película (un soldado del pelotón de fusilamiento) que hoy recomendamos, el telefilm El Mar al Alba del director alemán Volker Schlöndorff, estupendo cronista cinematográfico de la historia alemana que pone en imágenes los hechos que acabamos de resumirles.

La película está muy bien y es muy interesante para los amantes de la Historia. Además, nos sirve como excusa para releer la ya mítica carta de despedida del jovencísimo Guy Môquet que suele ser manipulada por todos, incluido el nacionalismo de derechas (¿es que hay otro?) gabacho más desvergonzado (Nikolas Sarkozy and Co.).


Ha llegado hasta nuestros días gracias a que un buen sacerdote católico no tuvo ningún remilgo en intentar consolar a un grupo de comunistas ateos en los momentos antes de su ejecución. No consiguió que se confesaran pero les sirvió de correo

La carta dice así:

“Mi querida mamita, mi hermanito adorado, mi amado papito:

¡Voy a morir! Lo que yo les pido, a ti en particular, mi mamita, es de ser valerosa. Yo lo soy y quiero serlo tanto como los que pasaron antes de mí. Por cierto, hubiera querido vivir. Pero lo que anhelo con todo mi corazón, es que mi muerte sirva para algo. No tuve tiempo de abrazar a Jean. Abracé a mis dos hermanos Roger y Rino. En cuanto al verdadero (hermano), no puedo hacerlo, lamentablemente. Espero que todas mis pertenencias te sean reenviadas y podrán servirle a Serge, que descuento estará orgulloso de llevarlas algún día. A tí, papito, si te causé, así como a mi mamita, muchas penas, te saludo por última vez. Debes saber que hice lo mejor posible para seguir la vía que tú me trazaste.

Un último adiós a todos mis amigos, a mi hermano que quiero mucho. Que estudie bien para ser más tarde un hombre.

17 años y medio, mi vida ha sido corta, no tengo ningún pesar, si no es el de dejarlos a todos. Voy a morir con Tintin, Michels. Madre, lo que te pido, lo que quiero que me prometas, es de ser valerosa y sobreponerte a tu dolor.

No puedo poner más nada. Los dejo, a todos y a todas, a ti mamá, a Serge, a papá, abrazándolos con todo mi corazón de hijo. ¡Valor!

Vuestro Guy que los quiere.

Guy.


Últimos pensamientos: 
¡Todos ustedes, los que quedan, sean dignos de nosotros, los 27 que vamos a morir!”.

Les exhorto a ello.

viernes, 21 de marzo de 2014

Beneath Hill 60 (2010, Jeremy Sims). La mayor explosión no atómica provocada por el Hombre.

"No sé si cambiaremos la Historia, pero es seguro que cambiaremos la Geografía" General Charles Harrington, 1917.


250.000 kgs de explosivos volatilizaron (literalmente) a 10.000 seres humanos (soldados alemanes) que permanecían parapetados en lo alto de la Colina 60 desde donde se dominaba el campo de batalla en el que posteriormente tendría lugar la carnicería de la Batalla de Passchendaele (aka Tercera Batalla de Ypres = entre 500.000 y 900.000 muertos). Esto sucedió una madrugada de junio de 1917 muy cerquita de Ypres, hermosa ciudad belga cercana a la frontera con Francia sobre la que llovieron, desde una altura de 100 metros, trocitos de carne, vísceras, miedos, esperanzas, barro y huesos de otros  20.000 alemanes más que, antes de la tremenda detonación, habían sobrevivido a otra lluvia; la de 4.000.000 de proyectiles aliados. El ruido de la explosión se oyó en Londres (a unos 300 kms de distancia). La Colina 60 desapareció casi instantáneamente y sobre los supervivientes alemanes se abalanzaron, a bayoneta calada, 100.000 soldados ingleses, canadienses, australianos…

Cifras impresionantes que lo son más si se las compara con el resultado obtenido: los alemanes retiraron sus líneas unos pocos cientos de metros y la guerra de trincheras siguió tan inútil y cruel como siempre.

La Colina 60 y Passchendaele son, junto con la Batalla del Somme (1916, 1.000.000 muertos), los tres ejemplos más “ilustres” e ilustradores de la expresión “carne de cañón” y la trágica consecuencia de la táctica bélica de la guerra de desgaste.

Tremendo.

Esto sucedía en la superficie a lo largo de centenares de kilómetros de trincheras. Pero bajo ellas se libraba otra guerra: la guerra de los túneles, una guerra silenciosa. 

El encargado de la detonación de los explosivos de la Colina 60, fue el capitán Oliver Woodward, comandante de la Primera Compañía Australiana de Tuneleros, antiguo ingeniero de minas y protagonista de la película que recomendamos hoy para recordar este año centenario de la WWI: Beneath Hill 60.


Y es que, ¿qué se podía hacer ante una situación como ese sinsentido al que se había llegado?. Kilómetros de trincheras bien fortificadas y defendidas frente a otros tantos kilómetros de trincheras bien fortificadas y defendidas. Las carnicerías en la tierra de nadie que las separaban comenzaban a ser inasumibles incluso para los ancianos y crueles generales que lideraban los ejércitos en contienda. La solución: avanzar por debajo del campo de batalla. A los pocos meses de comenzada la WWI, el general Henry Rawlinson propone la creación de unidades especializadas en contruir los túneles necesarios para el avance. Mineros e ingenieros de minas comenzaron a formar parte de estas unidades. 3.000 de ellos murieron en accidentes y la tercera parte de esos cuerpos siguen, 100 años después, allí.

Oliver Woodward, ingeniero de minas australiano, se fue a la guerra porque el padre de su pretendida consideraba un cobarde a todo aquél que no lo hiciera. Y ningún cobarde se iba a casar con su bella hijita... En Beneath Hill 60 seremos testigos, a través de sus ojos, de los desastres de la guerra y también de cómo se planifican y ejecutan esos desastres. Y es aquí, en la detallada recreación de la "vida" en los túneles, donde radica la mayor virtud de una película impecablemente convencional y de un interés histórico y humano incuestionable.

Imprescindible para los aficionados al género bélico y, especialmente, a la WWI. 
Ya saben: Basada en Hechos Reales (pero de verdad). 
Con todos ustedes, la mayor explosión no atómica intencionada ever:

lunes, 17 de marzo de 2014

Música Clásica de Cine: Arvo Pärt y su "Fratres".

Parece ser que el bueno de Arvo Pärt (1935) se encontraba en un callejón sin salida con su serialismo y dodecafonismo schoenbergiano totalmente demodé y peligrosé (porque a las autoridades soviéticas no les gustaba un pelo esa música), cuando tuvo una revelación como la de San Pablo pero un poco más ortodoxa, porque se dejó una larga barba y comenzó a santiguarse del revés (como Alexander Nevski).

Esto sucedía allá por los años 70.

Abandonó Pärt entonces aquellos ruidosos caminos que no conducían a nada y abrazó la fe de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa.

Mas abrazar la fe es cosa abstracta y complicada con lo que se decidió a abrazar algo un poco menos etéreo y se puso a abrazar las campanas de las iglesias, inventando de paso la música tintinabular, o sea, la música inspirada en el tañir de las campanas. Y así nos legó el hombre para la posteridad su etapa más famosa, más minimalista, más sacra y más austera.


Pärt economizó armonías, ritmos, instrumentaciones y notas y sintonizó sus oídos con los sonidos de tiempos anteriores a Monteverdi (el primer Barroco) quedando extasiado por el canto gregoriano y el primitivo polifonismo renacentista, así que en 1977 publicó su hermoso Fratres, la obra que vamos a escuchar hoy.

Minimalismo y fe, ¡vaya mezcla!. A priori poco indicada para gusanos. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que las campanillas de Arvo Pärt son muy cinéfilas. Varios directores han empleado su música para adornar sus películas. Paul Thomas Anderson para su maravillosa Pozos de ambición (donde podréis escuchar el Fratres en la versión para cello y piano), Michael Moore, Mike Nichols o Gus van Sant se han beneficiado de la belleza de las obras de Pärt para arropar sus, a veces, bellas imágenes. En nuestro país, David Trueba incluyó mucho Arvo Pärt en su resultona Soldados de Salamina; en esta última, además del Fratres, se escucha otra bella composición del músico: Spiegel Im Spiegel, una obra de 1978 que también ha aparecido en muchas películas.

Pero hoy con todos uds. el Fratres de Arvo Pärt en mi versión favorita (Pärt la ha instrumentado mil veces): la versión para violín, cuerdas y percusión.


Disfruten de esta joyita y de una música que, inevitablemente, invita al misticismo.


 

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