Bienvenidos a De Gusanos y Lombrices. Hay dos cosas que nos gustan mucho: el Cine y matar a los Malos.

jueves, 18 de septiembre de 2014

The Knick (TV 2014, Steven Soderbergh). Los Hombres, esos animales que hemos llegado tan lejos...

"Pasamos nuestras vidas arremetiendo contra molinos de viento… No podemos conquistar las montañas pero nuestros ferrocarriles viajan a través de ellas con facilidad. No podemos vencer al río pero podemos doblarlo a nuestro antojo y poner diques para nuestros propósitos. Al final los tuneles se derrumbarán y los diques serán rebasados. Los corazones de nuestros pacientes se pararán...

Pero nosotros los humanos podemos dar unos cuantos buenos golpes durante la batalla antes de rendirnos.". 

Doctor John Thackery, Jefe de Cirugía del Hospital Knickerbocker de Nueva York en 1900.



¡¡¡Aaaaaaaaaaamén!!!.

The Knick (10 capítulos) es una serie dirigida para la TV por Steven Soderbergh (con banda sonora electrónica de Cliff Martinez) que cuenta las andanzas de un equipo de cirujanos y enfermeras neoyorkinos liderados por un entusiasta Dr. Thackery quien, como habrán podido leer en su declaración de intenciones del speech que abre esta entrada pronunciado en el funeral de un colega, se entregan en cuerpo y alma a la más noble tarea que un ser humano está llamado a acometer: combatir a la Naturaleza. Porque la Naturaleza (no se engañen) es un mecanismo de selección doloroso, cruel e implacable. Menos mal que Dios nos puso en la Tierra para pararle los pies (nota: Dios no existe, sólo la Ciencia).

El Dr. Thackery (Clive Owen) paga un alto precio por luchar contra los dioses (el castigo que arrastramos los prohombres desde tiempos de Ícaro y Prometeo): Thackery es un yonki de la cocaína al que una enfermera tiene que pinchar su dosis diaria en la vena de su miembro viril porque el resto de los canales habituales los tiene ya destrozados. Thackery pasea por el aparente lado oscuro de la vida que resulta ser el lado luminoso de la Vida. Fuerza los límites de la ética para forzar los límites de la muerte. Todo un figura. Y no es una caricatura.


Así fueron muchos de los pioneros de la cirugía moderna. Un ejemplo de los muchos que encontrarán en la Historia de la Medicina: el doctor Nicolas Chervin se comió los vómitos de un paciente enfermo de la fiebre amarilla para demostrar que esta dolencia no se contagiaba por contacto humano. Por no hablar, de nuevo, de un auténtico mártir de la Ciencia: el húngaro Dr. Ignac Semmelweis murió en 1865 tras cortarse voluntariamente con el mismo bisturí con el que acababa de diseccionar a un cadáver. Quería demostrar que su petición de que los médicos se lavaran las manos antes de asistir a un parto tras manipular los cadáveres de la morgue no era una locura (como todo el  mundo le decía).

De hecho, el personaje del Dr. Thackery está basado en la interesante biografía del Dr. William S. Halsted (1852 – 1922, "La cirugía sería encantadora si no tuvieses que operar"), el inventor los guantes de goma en las operaciones quirúrgicas (1890) y un tipo que personifica, una vez más, eso de que la realidad supera a la ficción.

La serie les ofrece una detallada reconstrucción histórica de los procedimientos quirúrgicos de la época con una ambientación, iluminación y fotografía exquisitas, un poquito de gore justificado por su afán de realismo (aunque por momentos puede resultar algo difícil de ver)..,


una producción por todo lo alto, unas magníficas interpretaciones, unos toques de denuncia social (pobres vs. ricos & negros vs. blancos), una monja que provoca abortos porque está harta de ver morir a jóvenes víctimas de embarazos no deseados, unos conductores de ambulancia que trafican con enfermos, un gerente de hospital que tiene líos con la mafia, un responsable de salud de NY que chantajea a los hospitales y una realización del siglo XXI muy soderberghiana. Todo lo antetior conforma una obra de arte sobresaliente que apunta maneras para colarse en el Top 10 de 2014 (y en buena posición).

No se la pierdan. Es muy buena y un canto a los sacrificios de tantos hombres y mujeres que lucharon (y murieron) por hacer de nuestro planeta un sitio hermoso en el que vivir bien y, casi tan importante, morir como el Hombre manda

lunes, 15 de septiembre de 2014

Grandes Covers (involuntarios) de la Humanidad. Dvorak y Nat King Cole.

Segundo Movimiento (Dumka, Andante con moto), del Quinteto para piano Op. 81 (1887) del genial Antonín Dvorak.

Play it, melómanos del mundo! (13 minutos). 
Para los curiosos: con los 40 primeros segundos..., suficiente para esta entrada.


 

Nature Boy es una (ahora ya clásica) canción compuesta por el majara de Eden Ahbez, cantante norteamericano, abuelo de todos los jipis del mundo. Un moderno de los de verdad que creó, en 1947, esta hermosura...

 

... que, al año siguiente, fue popularizada en todo el mundo gracias a la versión y la inigualable voz de Nat King Cole.


Bellas notas, sin duda. La coincidencia parece ser obra del capricho de las musas que inspiran a los creadores más que del plagio. Pero nunca se sabe...

En cualquier caso, excusa perfecta para escuchar esta música tan indicada para alegrar un lunes.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Frases de TV. Fargo (2014, FX, USA). Un súper villano rodeado de paletos.

- Ella dejó de meter mi pene en su boca en cuanto nos casamos.

- Es el drama nacional...




No, no es una porno lo que hoy recomendamos...

Fargo (2014, FX) es una serie de tv que mezcla los aromas de los habitantes del universo paleto de Fargo (the movie) con la inquietante presencia de un asesino a sueldo implacable. 

Un sociópata similar al de No es País para Viejos (2007) pero interpretado esta vez (y muy bien) por un sorprendente Billy Bob Thornton que se mueve en las antípodas gestuales y verborreicas del silente Anton Chigurh de Javier Bardem.


Si no la han visto todavía, recuerden este nombre: 

Lorne Malvoun personaje que es una auténtica fábrica de citas antológicas amén de una de las mejores encarnaciones recientes en la (afortunadamente) ficción del Mal Absoluto

O sea, del Mal que no simplemente causa dolor ajeno sino que, además, disfruta haciéndolo...

lunes, 8 de septiembre de 2014

Grandes Series de TV. Happy Valley (2014, BBC One). Y un temazo de regalo.

Las series de TV siguen pateando el culo a las películas en lo que a mi personal ranking 2014 se refiere. Tanto es así que creo muy posible que acaben acaparando casi todos los puestos de lo mejor de 2014 en mi habitual e intrascendente selección anual de The Best Of. Este año el leit motiv es truedetectivesco: el Bien contra el Mal.

Ya he confesado en otras ocasiones mi predilección por:

1.- Las miniseries de temporada única con capítulo final de resolutivo desenlace.
2.- Las series británicas.


O sea, yo no he visto ni Breaking Bad, ni Broadwalk Empire, ni Mad Men, ni Glee, ni Orange is the new black, ni todas esas series tan exitosas de la que dicen que es la nueva edad de oro de la TV. 

No es por esnobismo. Es que, como dice mi mujer, a mí lo que gustan son “las películas largas pero no demasiado largas”. No le falta razón. A mayor metraje, si se sabe hacer, mayor número de matices, sin duda. Es de Perogrullo. Pero no existe nada en el mundo tan interesante como para dedicarle más de 10 horas de metraje (que es lo que dura la magistral Shoah).

Pues bien, Happy Valley (6 episodios), la serie de la BBC que hoy les recomendamos cumple con estos dos requisitos gusanos y se consagra como una de las cosas más hermosas que he visto hasta el momento.

La protagonista es la sargento de policía Caherine Cawood quien, al comienzo del primer capítulo, se presenta así ante un suicida durante el que es, posiblemente, el mejor comienzo del año:

"Soy Catherine. Tengo 47 años, estoy divorciada, vivo con mi hermana que está desintoxicándose de la heroína. Tengo dos hijos mayores, uno muerto y otro que no me habla. Y un nieto..."



Tremendo.

Happy Valley es como una versión de la BBC de Fargo (por cierto, la serie Fargo de este año es también sobressaliente), con un planteamiento de la trama similar pero con un desarrollo en el que desaparece el humor negro de los Coen y se reemplaza por el inigualable realismo dramático británico.

No se la pierdan. Es genial, engancha y emociona.

Con todos ustedes, la canción de los créditos, "Trouble Town".
Suena a gato setentero, como las de Bob Dylan, pero es de hace solamente dos años.
Muy buena:

jueves, 4 de septiembre de 2014

Adiós a Richard Attenborough. Adiós a Pinkie Brown, un británico en la corte del cine de gánsteres.

Ya he comentado en varias ocasiones en este blog que uno de mis católicos favoritos es Graham Greene, el genial escritor británico al que la etiqueta de creyente molestaba sobremanera aunque los dilemas católico-morales que siempre planteaba en sus novelas han ido reafirmando al público enciclopedista en esa idea. Y es que alguna etiqueta tenemos que ponerle a los artistas para no perdernos en los multiversos creativos.

El caso es que en 1938, Greene publicó Brighton Rock, una estupenda novela negra que les recomiendo y que Greene concibió como puro entretenimiento de novela de gánsteres.

“Tan sólo llevaba Fred Hale tres horas en Brighton cuando sabía que lo iban a asesinar.”

Buen comienzo para una novela aunque un poco menos bueno para el pobre Fred Hale. Su final es todavía peor.


El protagonista de la historia es Pinkie Brown, un matón de 17 años, católico, que no bebe, ni fuma, ni f+++a pero que, a tan tierna edad, carga a sus espaldas con un par de asesinatos mientras lidera un grupo de delincuentes que se mueven en el sórdido submundo de las actividades del crimen organizado. 

Pinkie Brown es un sociópata cruel que no dudará en camelarse a una inocente jovencita, también católica, para evitar que se vaya de la lengua.

Recuerden, Greene era católico... y a los católicos no les gusta que los malos se vayan de rositas y no paguen por sus pecados.

En 1947, Richard Attenborough encarnó en el cine al joven Pinkie Brown en la película Brighton Rock (John Boulting), o la revisión británico-cuarentona de la edad de oro del cine de gánsteres americanos de los años 30. 


Así que, como todas las interpretaciones británicas de los géneros hollywoodienses, encontrarán ustedes un mundo marginal sin el glamour ni las vamps que rodean al rebelde héroe americano que delinque para protestar contra las injusticias de la sociedad que lo margina. Porque Pinkie Brown es un mediocre peligroso con ínfulas de gánster al que nadie toma en serio. 

Y Richard Attenborough (DEP) personificó a este antihéroe en este clásico británico del cine negro al que el paso del tiempo le ha sentado regular. Sólo para cinéfilos.

La película termina con un primer plano de un crucifijo y una especie de "milagro" bastante resultón a mi entender. Pero hasta llegar a eso suceden cosas tan siniestras como ésta:

lunes, 1 de septiembre de 2014

100 Años de... Adiós a Albéric Magnard. El triunfo de ciertas ideas y los cojonazos de tipos dispuestos a defenderlas.

“Creo que el triunfo de ciertas ideas bien vale la supresión de nuestra tranquilidad e incluso de nuestra propia Vida”

Elocuentes palabras que, en el caso de su autor, el compositor parisino Albéric Magnard, no quedaron en papel mojado. Quince años después de escribirlas, una mañana de septiembre de 1914, hace ahora 100 años, Magnard moría con las botas puestas defendiendo su mansión familiar del allanamiento de una patrulla de húsares que había decidido que el palacete de los Magnard era la ubicación perfecta para establecer un cuartel para las tropas invasoras alemanas durante la WWI.

Magnard, armado con un revólver, se llevó por delante a dos boches. Ante la pertinaz defensa de su patrimonio, de su patria, contra la barbarie del militarismo prusiano, los valientes soldados del Káiser (que temblaban ante la idea de ser el blanco de espontáneos francotiradores civiles belgas y franceses) prendieron fuego a la mansión… Y allí pereció el cuerpo y gran parte del alma de Albéric Magnard: muchas de sus composiciones quedaron convertidas en cenizas y se perdieron para siempre.

Irónicamente, Magnard era un sentido admirador de la tradición musical alemana, seguidor de los grandes tótems germanos (Wagner, Bruckner, etc) y de su concepción de “música absoluta”, por lo que muchos de sus colegas lo acusaban de artista “alemanizado” y antipatriota. Pero una cosa es amar la Novena de Beethoven (Magnard, al igual que el genio alemán, sufría de una severa sordera que le confería un carácter hosco) y otra, muy diferente, es tener que comulgar con las ruedas de molino del Káiser, de Angela Merkel o de la puta Frau que los parió a los dos.

Recordamos hoy la valentía y los cojonazos de Albéric Magnard: “Ningún soldado entrará por la fuerza en este sagrado hogar. Los bárbaros no entrarán en la casa de un artista. Es una cuestión de honor” (extracto del magnífico libro “Músicos ante el abismo”, escrito por el compositor y escritor madrileño Luis Agius).

No era la primera vez que Magnard se rebelaba contra la injusticia. En 1902,compuso su Himno a la Justicia, o su particular adhesión musical al movimiento de defensa de la inocencia del tristemente famoso capitán Alfred Dreyfus (víctima del antisemitismo del ejército francés).

Va por ti, maestro.

 

domingo, 31 de agosto de 2014

Adiós a Agosto. Una Noche de Verano en el Madrid de 1851. By Mijaíl Glinka.

Terracitas de Verano.., qué gozada. 
Agosto en la Ciudad.., qué maravilla.

Soy uno de esos afortunados que tienen un trabajo que le permite no coger las vacaciones de Verano en el mes de Agosto y disfrutar, así, de mi ciudad durante un mes en el que Zaragoza puede resultar mágica.

Doy fe de que en Madrid (como seguro que en otras muchas capitales de provincia españolas pero no he tenido la fortuna de comprobarlo personalmente) sucede lo mismo: la serenidad invade las calles cuando el sol se pone y salimos a disfrutarlas como embrujados por un asfalto más amistoso de lo habitual.

Digo sucede pero que parece ser que también sucedía, porque Noche de Verano en Madrid es el título de una composición de hace 160 años que vamos a escuchar ahora.

Así sonaba la capital a oídos del genial compositor ruso Mijaíl Glinka (el padre del nacionalismo musical ruso) que vivió en nuestro país entre 1845 y 1847.

Adiós a Agosto. Adiós al Verano Urbano.

 

viernes, 29 de agosto de 2014

Would You?.

Zaragoza, 28 de agosto de 2014
21.00 hrs
Cine Palafox (entrada: 4 euros)

Cantando bajo la Lluvia 
(Gene Kelly Stanley Donen, 1952) en HD y VOSE

Lleno hasta la bandera.

Carcajadas a tuti plen.

Qué gozada.

Claro, no pude resistirme a aplaudir al final de la mítica escena que todos conocemos.
Un@s cuant@s chiflad@s me siguieron.

Pero más allá de todo esto... ¡¡¡qué obra maestra!!!

Volvería a verla mil veces.

Would You?.

jueves, 28 de agosto de 2014

100 Años de... Adiós a Wilfred Owen, poeta de guerra.

Wilfred Owen fue un escritor inglés que combatió casi hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Una semana antes del armisticio, Wilfred Owen (que había renunciado a licenciarse) murió intentando cruzar, al frente de sus hombres, el canal de Sambre-Oise (Francia).

Tenía 25 años.


Se apagaba así la vida de un joven valiente, culto, bastante guapo y, según las buenas lenguas, homosexual. Además era poeta. Así que Wilfred Owen tiene todo lo que hay que tener para formar parte del Pabellón de Hombres Ilustres Gusanos.

Su poema más conocido es este Himno a la Juventud Condenada que dedicó a todos los muertos de la WWI:

¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
Sólo la rabia monstruosa de los cañones
el rápido tartamudeo de los fusiles pueden rezarles una breve plegaria.
Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas ni voces de luto o salvas en coros,
Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses y clarines llamándolos desde dolientes condados.

¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
No en sus manos de niños sino en sus ojos brillará la sagrada luz de los adioses.
La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.

Regeneration (Gilles MacKinnon, 1997) es una notable película británica que les mostrará algunas de las vivencias de Owen como, por ejemplo, su encuentro con otro poeta antibelicista, el vailente oficial británico Siegfried Sasson

lunes, 25 de agosto de 2014

Grandes Novelas. Más y más lejos (2005, Sebastian Barrry). La WWI, Irlanda y todos los pobrecitos muertos de la WWI.

Lo primero que debo advertirles si, gracias a mi recomendación, deciden leer 
Más y Más Lejos (2005), 
la hermosa novela del escritor irlandés Sebastian Barry, es que se encontrarán ante una obra tan conmovedora que, al menos para los lectores de lágrima fácil como yo, asegura una sollozante compunción cuasi inconsolable. 

Más y Más Lejos recoge el testigo de obras magistrales como Sin Novedad en el Frente (tanto monta que me refiera a la novela de Erich Maria Remarque de 1929 como a la película de Lewis Milestone de 1930) etc y nos cuenta otra cruda, triste y desoladora historia de jóvenes muertos en vano durante alguna de las muchas e inútiles carnicerías atrincheradas de la Primera Guerra Mundial. El desarrollo de la trama es casi idéntico al de tantos y tantos otros clásicos: alistamiento entusiasta - enfrentamiento con la cruda realidad de la guerra - desencantado retorno a la patria.


El toque extra de amargura, al ya de por sí amargo sabor de la guerra, lo ponen los hechos históricos que acompañaron a los 30.000 soldados irlandeses que combatieron bajo la bandera del Imperio Británico (si quieren saber más sobre el tema: Alzamiento de Pascua de 1916). Esos que partieron voluntarios a combatir por una causa justa: la Libertad de los Pueblos, y que pasaron de ser vitoreados como héroes al comienzo de la contienda, a ser recibidos, finalmente, como traidores ante su pueblo que aspiraba a conseguir la independencia de la convulsa, guerracivilística y embrionaria República de Irlanda. El mismo pueblo que, hacia el final de la guerra, no entendía por qué sus jóvenes luchaban y morían por el prestigio colonial de un rey inglés.

El caso es que Eire no reconoció oficialmente los méritos de estos redimidos patriotas de los Fusileros Reales de Dublín hasta solamente hace poco más de diez años.

Con esta hermosa y triste novela, el escritor Sebastian Barry se une a otra causa justa: el homenaje a la memoria y el reconocimiento al valor y sacrificio de los cuerpos y las almas de miles de adolescentes irlandeses que quedaron enredados entre las alambradas políticas de la lucha por una identidad nacional que les llevó a guerrear para liberar de la tiranía germánica a las democracias del Viejo Continente. 

Pero la cuestión que acabó por atormentarles fue: ¿quién necesitaba más esa lucha por la libertad?, ¿los franceses sometidos por los alemanes o los irlandeses sometidos por los británicos?... Un buen tema sobre el que los soldados podían reflexionar en las trincheras... Al menos hasta el momento ése justo antes de que sus cuerpos se desintegraban y salían volando tras el impacto de algún obús, en forma de millones de partículas diminutas, o justo antes de que los huesecillos de sus cráneos, aplastados por las orugas de los tanques enemigos, pavimentaran los lodazales europeos.

Más y Más Lejos, una de las mejores novelas de mi pasada década.

Va por ti Willie Dunne (18 años y 1,70 mts. de altura) 
soldado raso de los Fusileros Reales de Dubín. 

HÉROE GUSANO.

 

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