Bienvenidos a De Gusanos y Lombrices. No nos fiamos de las apariencias.

lunes, 1 de septiembre de 2014

100 Años de... Adiós a Albéric Magnard. El triunfo de ciertas ideas y los cojonazos de tipos dispuestos a defenderlas.

“Creo que el triunfo de ciertas ideas bien vale la supresión de nuestra tranquilidad e incluso de nuestra propia Vida”

Elocuentes palabras que, en el caso de su autor, el compositor parisino Albéric Magnard, no quedaron en papel mojado. Quince años después de escribirlas, una mañana de septiembre de 1914, hace ahora 100 años, Magnard moría con las botas puestas defendiendo su mansión familiar del allanamiento de una patrulla de húsares que había decidido que el palacete de los Magnard era la ubicación perfecta para establecer un cuartel para las tropas invasoras alemanas durante la WWI.

Magnard, armado con un revólver, se llevó por delante a dos boches. Ante la pertinaz defensa de su patrimonio, de su patria, contra la barbarie del militarismo prusiano, los valientes soldados del Káiser (que temblaban ante la idea de ser el blanco de espontáneos francotiradores civiles belgas y franceses) prendieron fuego a la mansión… Y allí pereció el cuerpo y gran parte del alma de Albéric Magnard: muchas de sus composiciones quedaron convertidas en cenizas y se perdieron para siempre.

Irónicamente, Magnard era un sentido admirador de la tradición musical alemana, seguidor de los grandes tótems germanos (Wagner, Bruckner, etc) y de su concepción de “música absoluta”, por lo que muchos de sus colegas lo acusaban de artista “alemanizado” y antipatriota. Pero una cosa es amar la Novena de Beethoven (Magnard, al igual que el genio alemán, sufría de una severa sordera que le confería un carácter hosco) y otra, muy diferente, es tener que comulgar con las ruedas de molino del Káiser, de Angela Merkel o de la puta Frau que los parió a los dos.

Recordamos hoy la valentía y los cojonazos de Albéric Magnard: “Ningún soldado entrará por la fuerza en este sagrado hogar. Los bárbaros no entrarán en la casa de un artista. Es una cuestión de honor” (extracto del magnífico libro “Músicos ante el abismo”, escrito por el compositor y escritor madrileño Luis Agius).

No era la primera vez que Magnard se rebelaba contra la injusticia. En 1902,compuso su Himno a la Justicia, o su particular adhesión musical al movimiento de defensa de la inocencia del tristemente famoso capitán Alfred Dreyfus (víctima del antisemitismo del ejército francés).

Va por ti, maestro.

 

domingo, 31 de agosto de 2014

Adiós a Agosto. Una Noche de Verano en el Madrid de 1851. By Mijaíl Glinka.

Terracitas de Verano.., qué gozada. 
Agosto en la Ciudad.., qué maravilla.

Soy uno de esos afortunados que tienen un trabajo que le permite no coger las vacaciones de Verano en el mes de Agosto y disfrutar, así, de mi ciudad durante un mes en el que Zaragoza puede resultar mágica.

Doy fe de que en Madrid (como seguro que en otras muchas capitales de provincia españolas pero no he tenido la fortuna de comprobarlo personalmente) sucede lo mismo: la serenidad invade las calles cuando el sol se pone y salimos a disfrutarlas como embrujados por un asfalto más amistoso de lo habitual.

Digo sucede pero que parece ser que también sucedía, porque Noche de Verano en Madrid es el título de una composición de hace 160 años que vamos a escuchar ahora.

Así sonaba la capital a oídos del genial compositor ruso Mijaíl Glinka (el padre del nacionalismo musical ruso) que vivió en nuestro país entre 1845 y 1847.

Adiós a Agosto. Adiós al Verano Urbano.

 

viernes, 29 de agosto de 2014

Would You?.

Zaragoza, 28 de agosto de 2014
21.00 hrs
Cine Palafox (entrada: 4 euros)

Cantando bajo la Lluvia 
(Gene Kelly Stanley Donen, 1952) en HD y VOSE

Lleno hasta la bandera.

Carcajadas a tuti plen.

Qué gozada.

Claro, no pude resistirme a aplaudir al final de la mítica escena que todos conocemos.
Un@s cuant@s chiflad@s me siguieron.

Pero más allá de todo esto... ¡¡¡qué obra maestra!!!

Volvería a verla mil veces.

Would You?.

jueves, 28 de agosto de 2014

100 Años de... Adiós a Wilfred Owen, poeta de guerra.

Wilfred Owen fue un escritor inglés que combatió casi hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Una semana antes del armisticio, Wilfred Owen (que había renunciado a licenciarse) murió intentando cruzar, al frente de sus hombres, el canal de Sambre-Oise (Francia).

Tenía 25 años.


Se apagaba así la vida de un joven valiente, culto, bastante guapo y, según las buenas lenguas, homosexual. Además era poeta. Así que Wilfred Owen tiene todo lo que hay que tener para formar parte del Pabellón de Hombres Ilustres Gusanos.

Su poema más conocido es este Himno a la Juventud Condenada que dedicó a todos los muertos de la WWI:

¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
Sólo la rabia monstruosa de los cañones
el rápido tartamudeo de los fusiles pueden rezarles una breve plegaria.
Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas ni voces de luto o salvas en coros,
Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses y clarines llamándolos desde dolientes condados.

¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
No en sus manos de niños sino en sus ojos brillará la sagrada luz de los adioses.
La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.

Regeneration (Gilles MacKinnon, 1997) es una notable película británica que les mostrará algunas de las vivencias de Owen como, por ejemplo, su encuentro con otro poeta antibelicista, el vailente oficial británico Siegfried Sasson

lunes, 25 de agosto de 2014

Grandes Novelas. Más y más lejos (2005, Sebastian Barrry). La WWI, Irlanda y todos los pobrecitos muertos de la WWI.

Lo primero que debo advertirles si, gracias a mi recomendación, deciden leer 
Más y Más Lejos (2005), 
la hermosa novela del escritor irlandés Sebastian Barry, es que se encontrarán ante una obra tan conmovedora que, al menos para los lectores de lágrima fácil como yo, asegura una sollozante compunción cuasi inconsolable. 

Más y Más Lejos recoge el testigo de obras magistrales como Sin Novedad en el Frente (tanto monta que me refiera a la novela de Erich Maria Remarque de 1929 como a la película de Lewis Milestone de 1930) etc y nos cuenta otra cruda, triste y desoladora historia de jóvenes muertos en vano durante alguna de las muchas e inútiles carnicerías atrincheradas de la Primera Guerra Mundial. El desarrollo de la trama es casi idéntico al de tantos y tantos otros clásicos: alistamiento entusiasta - enfrentamiento con la cruda realidad de la guerra - desencantado retorno a la patria.


El toque extra de amargura, al ya de por sí amargo sabor de la guerra, lo ponen los hechos históricos que acompañaron a los 30.000 soldados irlandeses que combatieron bajo la bandera del Imperio Británico (si quieren saber más sobre el tema: Alzamiento de Pascua de 1916). Esos que partieron voluntarios a combatir por una causa justa: la Libertad de los Pueblos, y que pasaron de ser vitoreados como héroes al comienzo de la contienda, a ser recibidos, finalmente, como traidores ante su pueblo que aspiraba a conseguir la independencia de la convulsa, guerracivilística y embrionaria República de Irlanda. El mismo pueblo que, hacia el final de la guerra, no entendía por qué sus jóvenes luchaban y morían por el prestigio colonial de un rey inglés.

El caso es que Eire no reconoció oficialmente los méritos de estos redimidos patriotas de los Fusileros Reales de Dublín hasta solamente hace poco más de diez años.

Con esta hermosa y triste novela, el escritor Sebastian Barry se une a otra causa justa: el homenaje a la memoria y el reconocimiento al valor y sacrificio de los cuerpos y las almas de miles de adolescentes irlandeses que quedaron enredados entre las alambradas políticas de la lucha por una identidad nacional que les llevó a guerrear para liberar de la tiranía germánica a las democracias del Viejo Continente. 

Pero la cuestión que acabó por atormentarles fue: ¿quién necesitaba más esa lucha por la libertad?, ¿los franceses sometidos por los alemanes o los irlandeses sometidos por los británicos?... Un buen tema sobre el que los soldados podían reflexionar en las trincheras... Al menos hasta el momento ése justo antes de que sus cuerpos se desintegraban y salían volando tras el impacto de algún obús, en forma de millones de partículas diminutas, o justo antes de que los huesecillos de sus cráneos, aplastados por las orugas de los tanques enemigos, pavimentaran los lodazales europeos.

Más y Más Lejos, una de las mejores novelas de mi pasada década.

Va por ti Willie Dunne (18 años y 1,70 mts. de altura) 
soldado raso de los Fusileros Reales de Dubín. 

HÉROE GUSANO.

 

miércoles, 20 de agosto de 2014

Momentos Mágicos del Cine. A propósito del Ice Bucket Challenge y Lou Gehrig, el Orgullo de los Yanquis.

Bueno. 

Dos virus recorren la actualidad de este verano. Uno maligno que se ceba con los cuerpos de los más pobres de África y otro.., no sé cómo calificarlo.., otro que es como un juego bienintencionadamente cansino de nombre Ice Bucket Challenge.

Los multimillonarios famosos han puesto de moda echarse por encima un cubo de agua helada y donar dinero en favor de una causa justa: recaudar fondos para combatir una cruel enfermedad, la Esclerosis Lateral Amiotrófica. 

Los famosetes les hacen los coros.

Pero yo, como soy un proletario rencoroso, no puedo evitar sonrojarme un poco ante tanto famoseo haciéndose el guay o, como dicen ahora, el cool

El caso es que esta moda nos viene bien como excusa para revisionar un clasicazo del Séptimo Arte: El Orgullo de los Yankis (1942, Sam Wood, pueden verla aquí), un emotivo biopic realizado un año después de la muerte de su protagonista, Lou Gehrig quien fue, sin duda, un auténtico héroe americano (en el mejor de los sentidos) de interesantísima biografía que pueden leer aquí.

Esta cara, personificiación de la bonhomía, lo dice todo.


Lou Gehrig dio sobrenombre a la ELA y murió, tristemente, por causa de esta enfermedad a la temprana edad de 38 años. En su discurso de despedida del deporte el 4 de julio de 1939 en el Yankee Stadium, pronunció esta mítica frase: 

“Soy el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra”.

Y otro titán de aquellos años, el actor Gary Cooper, lo interpretó así:

lunes, 18 de agosto de 2014

Clásicos Imprescindibles. La Colina (1965, Sidney Lumet). Doblegando a Sísifo.

El irregular y prolífico director estadounidense Sidney Lumet realizó, tras deslumbrar a todos con su portentoso debut de Doce Hombres Sin Piedad, un claustrofóbico e intenso drama carcelario titulado La Colina, una película de claros tintes antimilitaristas que nos habla de una cárcel dentro de otra cárcel.

Y es que hay dos cárceles en La Colina de Lumet. La prisión militar que el Ejército Británico tiene en el norte de África está encerrada dentro de otra cárcel sin muros: la de las estrictas y, en ocasiones, absurdas normas que rigen la vida castrense.

En este marco incomparable es en el que los crueles dioses del destino y la fatalidad se sienten más cómodos y felices de atormentar a los humanos.


El sargento Williams (Ian Henry) es un arquetipo del sádico carcelero; un tipejo que, al vestirse con un uniforme, se transforma en una máquina sin sentimientos que intentará demostrar a su jefe, el veterano Sargento Mayor Wilson (Harry Andrews), que no le tiembla el pulso a la hora de doblegar con firmeza y contundencia la voluntad de los prisioneros más rebeldes. También quiere autoconvencerse de que no es un cretino cuya misión en la WWII es secundaria y casi irrelevante.

Al campo llega un nuevo prisionero, el degradado Sargento Paracaidista Joe Roberts (Sean Connery), un héroe de guerra que ha sido condenado por desobedecer unas órdenes que le exigían enviar a sus hombres a una inútil carnicería. Él es la antítesis de su carcelero. Es un tipo valiente que se ha jugado el pellejo durante 3 años pero para el que el sentido del deber no está por encima del sentido común.

El caldo de cultivo para el conflicto está servido y la situación estalla cuando la cadena se rompe por el eslabón más débil: uno de los prisioneros muere agotado por los crueles castigos del Sargento Williams.


Lo mismo que Sísifo, el héroe rebelde que odiaba a los dioses y a la muerte, fue condenado por éstos a sufrir eternamente una cruel y desesperanzadora condena que consistía en subir una pesada roca a lo alto de una colina desde la que siempre volvía a caer, los guardas de la prisión militar castigan a sus prisioneros a subir y bajar una colina de arena. El objetivo de estos mediocres mini dioses es el mismo: vencer y convencer a la voluntad y al alma del hombre, mediante el martirio de su cuerpo, de la inutilidad de resistirse al poder establecido contra el que nada puede hacerse por muy crueles, arbitrarias e injustas que sean sus decisiones.

Alrededor de estos tres roles principales desfilarán por La Colina unos cuantos personajes que cubren gran parte del amplio abanico de la condición humana y de los comportamientos y posiciones que pueden tomarse, desde ambos lados de la barrera, para combatir uno de los males más dolorosos para el alma (y el cuerpo) de cualquier hombre: la injusticia.

Parece ser que Sean Connery le puso mucho empeño a su interpretación para intentar quitarse de encima el tufo de agente 007. El resultado es notable aunque queda algo eclipsado por la excelente interpretación omnipresencial del gran Harry Andrews. Esta es una de esas películas a las que le va de perlas la etiqueta de "acertados retratos psicológicos de los personajes". El más noble de todos ellos es también el más maltratado, el soldado negro Jacko King (Ossie Davis) quien tiene que sufrir, además de los castigos físicos, las burlas racistas de los diosecillos carcelarios.

La Colina es visualmente una película muy jugosa y atractiva: planos secuencia como el que abre la película (toda una declaración de intenciones), contrapicados, movimientos circulares de cámara, primeros planos cuasi expresionistas y una hermosa fotografía en b/n harán la delicia de los cinéfilos más estetas que quieran hacerme caso y vean esta historia de la que no voy a desvelar si la roca queda finalmente fija en lo alto de la colina o vuelve a caer indefinida e irremediablemente cuesta abajo.

La curiosidad: no suena ni una sola nota musical durante sus dos horas de duración y no aparece ni un solo personaje femenino. Una película que no está exenta de algo de la teatralidad de la obra original en la que se basa pero que mantiene en todo momento la tensión y el suspense y que es absolutamente recomendable.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Las 5 Canciones que más he escuchado en lo que llevamos de 2014.

No lo digo yo.

Lo dice mi Sony Xperia Z. 

Las 5 Canciones que más he escuchado en lo que llevamos de 2014 son:

Verte una Vez más by Jisah 
(cover del tango-huapango-bolero-ranchera Quiero verte una Vez más).


Radioactive by Iriebox
(cover de Imagine Dragons)


The Big Bang by Katy Tiz


Far from any Road by The Handsome Family 
(aka la canción de True Detective)


Et Moi by Nym 
(cover de Que je sois un ange by Nana Mouskouri)


viernes, 1 de agosto de 2014

100 Años de... La I Guerra Mundial. Diez Clasicazos de Cine de la WWI.

01 de agosto de 1914. Alemania declara la guerra a Rusia. 

Comienza la Primera Guerra Mundial.

Mis 10 Clasicazos de Cine de la WWI son:

1.- El Gran Desfile (1925, masterpiece)

 

2.- Alas (1927, masterpiece)


3.- Sin Novedad en el Frente (1930, masterpiece)

4.- Senderos de Gloria (1957, masterpiece)


5.- La Gran Guerra (1959)


6.- Lawrence de Arabia (1962, masterpiece)

7.- Las Águilas Azules (1966)


8.- El Barón Rojo (1971)

9.- Gallipoli (1981, masterpiece)

10.- Capitán Conan (1996, masterpiece)

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